MeXICO PSICOTRoNICO Y CABRoN 1:

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Siempre me ha sido muy difícil, en esas charlas que solemos tener los consumidores de habituales inmundicias fílmicas, tratar de explicar y/o clasificar el inclasificable y localista subgénero del cine de serie B mexicano y en especial sus Meximonsters films (películas de monstruos).

Someter éstos descabellados films a soporíferos e indigestos (¡prefiero el chili, manito!) estudios académicos, (nunca falta un aguafiestas, guardate ese puto carné de la facultad de Subiela, pendejo!!) es algo ridículo y totalmente delirante, casi igual de delirante que los argumentos de éstos filmes (que es decir...).

Los meximonsters films, especialmente aquellos que alojan: momias resecas vivientes, supervampiras tetonas, zombies babosos y en especial los infaltables y protagónicos luchadores enmascarados (si hubieses nacido en México, Caballero Rojo...), son mejor asimilados (con un buen trago de tequila, eh, no...) si se respetan sus propios e incomparables códigos, desprendiéndose de prejuicios y mitificaciones; en otras palabras, si hay una predisposición negativa hacia éstas películas, viéndolas no vamos a cambiar de opinión.

Así que puto pendejo, pinche cabrón, sólo te digo una cosa, miralas o: ¡¡¡cállate, cállate, que me desesperas!!!.

México es un país profundamente arraigado a su folklore, sus supersticiones culturales que, como en todas partes, cobran a menudo la forma de cuentos poblados por fantásticas y míticas entidades (el lobizón, la luz mala, el basilisco, el cacu, aquí en Argentina, por ejemplo).

Una típica criatura sobrenatural indígena de las leyendas rurales mexicanas es "La llorona", bastante emparentada con las leyendas celtas de los ululantes espíritus femeninos llamados "banshees", "La llorona" era también, al igual que su colega europea en espantos, una fantasmal y desamparada aparición cuyos quejidos de aflicción, transmitían, supuestamente, la desgracia a aquellos que los escuchaban.

Tan lacrimógena criatura fue llevada a las pantallas mexicanas en varias ocasiones (de no ser por nuestro osado Leonardo Favio con su "Nazareno Cruz y el lobo", el lobizón jamás hubiese puesto un pie (¿o una pata?) en el cine...), siendo la primera "La llorona" (Ramón Peón, 1933), el primer antecedente del cine fantástico mexicano. Éste film provocó múltiples desvelos entre los niños de su época.

Éste angustiado espectro vagó sin rumbo en varias oportunidades por las pantallas aztecas, a la versión del ´33 le siguió "La herencia de la llorona" (1946), "El grito de la muerte" (1958), una remake filmada con alarmante torpeza en 1959, "La maldición de la llorona" (1961) y (ojo con éste título...) "Santo y Mantequilla Nápoles en la venganza de la llorona" (1973).

El origen de dichos cuentos fantásticos no es nada sorprendente, teniendo en cuenta que México es un país donde sujetos "vulgares", mal retribuidos y consumidos por el "populacho", como es el caso de los luchadores enmascarados, son, frecuentemente, elevados al nivel de superhéroes folklóricos. Tal es el caso de "Superbarrio", una especie de Robin Hood enmascarado que llegó por votación popular de la más desvalida clase social mexicana a ocupar un lugar en el Congreso azteca, llegándose a postular, con amplias probabilidades, al cargo de presidente.

Todo, por obra y gracia de un público hambriento de mitos, aparentemente inconsciente de la línea divisoria que separa la fantasía de la realidad (¿será producto del picante y la tequila?) .

 

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