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MeXICO PSICOTRoNICO Y CABRoN 2:

PANZONES ENMASCARADOS VS MEXIMONSTERS
Cuando se piensa en el término "películas de monstruos con luchador enmascarado" es el nombre de el Santo el primero que llega a la mente. Aunque la semilla del cine monster wrestling la plantó la estupenda "Ladrón de cadáveres" (1956) de Fernando Méndez. No estaba protagonizada por el Santo, contrariamente a lo que muchas veces se ha afirmado, pero estableció un patrón clásico para el estereotipo luchador vs monstruo: el cirujano loco que experimenta con atletas para convertirlos en monstruos supersubhumanos: "Ladrón de cadáveres" ayudó a cimentar la reputación de su protagonista Wolf Ruvinskis como uno de los más populares astros del celuloide de luchadores. Ruvinskis tenía el aspecto físico ideal requerido a cualquier héroe de cómic de la época. Su experiencia en el campo de la lucha libre cinematográfica se remonta a principios de los ´50, gracias a su papel de Neutrón, un vigoroso superhombre enmascarado de negro, que protagonizó una serie de títulos: "Neutrón el enmascarado negro", "Neutrón contra el Dr. Caronte", "Los autómatas de la muerte"; Neutrón era sólo uno de los muchos superhéroes de incógnito que periódicamente repartían mamporros a troche y moche a monstruos de infame calidad. El demonio azul / Blue Demon, Mil máscaras, Huracán Ramírez, entre otros, tuvieron su metraje de gloria para desplegar sus infalibles llaves y tomas sobre la resbaladiza superficie del celuloide.

¡SAN-TO, SAN-TO,SAN-TO!
Desde que el 5 de febrero de 1984, dos años después de terminar su última película ("La furia de los karatecas") y de retirarse del ring en el que había pasado más de cuarenta años (su primer título como luchador lo consigue en 1943), murió Rodolfo Guzmán Huerta a los 66 años de edad y fue enterrado con la máscara de Santo, sus películas están igual en las pantallas libanesas, que en la televisión boliviana, en cineclubes alemanes y hasta una especializadísima revista estadounidense. "Santo street" dedica páginas enteras a su amplia filmografía como a la de sus colegas enmascarados. La carrera cinematográfica de Santo en el campo de las monster wrestling movies es de lo más prolífica y prestigiosa. Santo el enmascarado de plata se enfrentó valientemente con todas las especies de monstruos conocidas, desde vampiros (en cantidades industriales, es que el gordito era tentador) hasta momias, pasando por alienígenas, hombres lobo y mutantes varios.
De la totalidad de los casi 50 filmes, menos de la mitad cuentan con monstruos. Muchos títulos hablan por si mismos: "Santo contra los zombies" (1961), "Santo contra las mujeres vampiro" (1962) que tuvo el honor de participar en el Festival de San Sebastián (¿?), "Santo en el museo de cera" (1961), "Santo vs la invasión de los marcianos" (1966), "Santo y Blue Demon contra los monstruos" (1969), "Santo contra la hija de Frankenstein" (1971), la lista es interminablemente bizarra.
Además de monstruos, Santo aniquiló también un buen contingente de elementos criminales de serie B, tales como gangsters, falsificadores, nazis (si venía a Argentina no le iban a alcanzar las manos para repartir tortazos!!!).
Ahora llega la indefectible pregunta de rigor al hablar de los filmes del Santo: ¿eran malas?; Santo mismo lo dudaba:
"No creo, decia. Claro, puede haber alguna situación así, yo no puedo decir que no puedo caer en ese bache de que algunas de mis películas en lugar de temor puedan causar risa (...) si causa risa no es cosa del actor, ni del productor, mas bien sería cosa del director; porque el tiene la responsabilidad de ver como se va a cortar, y no tiene que llegar al punto del ridículo, ni de causar risa."
No te preocupes Santo, aquí en Argentina muchos actores "serios", sin usar máscara ni pelear contra monstruos, causan carcajadas o lo que es peor, lástima. En México se cuenta una anécdota que, seguramente, es un mito, aunque viniendo de los franceses no extrañaría que haya sido real. Se supone que en París se proyectó una película de Santo, y los cinéfilos galos enloquecieron tanto que estuvo mucho tiempo en cartelera como una maravilla del cine absurdo, a la altura de Buñuel o de Polanski; se la vió como una lograda burla al cine de superhéroes, como una sátira de buenos contra malos hasta que alguien llegó con la noticia de que el filme no era satírico sino que iba totalmente en serio (¡!). Imagino que esto les habrá caído igual o peor que ver a un mexicano limpiándose el traste con las páginas de un número de "Cahiers du cinema"...